Un reciente estudio económico expuso la progresiva degradación de la estructura ocupacional argentina. La caída del empleo registrado provocó un fuerte incremento de la informalidad laboral que ya alcanza un récord histórico del 45% sobre el total de los trabajadores ocupados.
El reemplazo de puestos asalariados por autoempleo no registrado logró evitar que la tasa de desocupación escalara hasta un 9,8%. Sin embargo, esta dinámica generó una severa pérdida de ingresos reales para miles de familias que se vieron obligadas a volcarse al mercado informal para sobrevivir.
Los relevamientos estadísticos confirmaron que los cuentapropistas informales perciben un 51% menos de remuneración en comparación con los trabajadores blancos equivalentes. Asimismo, quienes migraron del sector privado hacia modalidades independientes sufrieron un deterioro promedio de casi el 30% en sus retribuciones mensuales durante el último año.
Esta fragilidad laboral se profundizó por el estancamiento de industrias clave y la necesidad familiar de sumar nuevos perceptores de ingresos. La perspectiva macroeconómica anticipa una persistente presión sobre la calidad de los puestos existentes mientras las principales ramas productivas no muestren señales claras de recuperación estructural.
