El último Informe de Política Monetaria del BCRA encendió las alarmas por el impacto del conflicto en Medio Oriente. Aunque el salto en las commodities agrícolas y el crudo mejora el ingreso inmediato de dólares, la entidad teme una ola de inflación global, tasas más altas y un freno en el crecimiento mundial.
Lo que parecía un beneficio inicial por el desborde de los precios internacionales empezó a transformarse en una seria amenaza. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) advirtió formalmente que la prolongación de la guerra en Irán y la inestabilidad en Medio Oriente constituyen hoy el «principal riesgo» para la macroeconomía y las finanzas del país en el mediano plazo. En su último Informe de Política Monetaria (IPOM), la entidad que conduce Santiago Bausili detalló que el salto del petróleo Brent por encima de los US$ 100 y el encarecimiento del crédito global configuran un «shock de magnitud histórica» que podría terminar revirtiendo los efectos positivos de la liquidación de divisas.
En lo inmediato, el conflicto le dio un respiro a las reservas del BCRA. Al súper petróleo se le sumó un rebote en el precio de las commodities agrícolas clave para el complejo agroexportador: la soja aumentó un 12% respecto de 2025, el trigo avanzó un 14% y el maíz un 5,5%. Esta mejora en los términos de intercambio permitió que el tipo de cambio se mantuviera estable, que el Central siguiera comprando divisas y que el sector privado continuara colocando deuda en el exterior.
Sin embargo, el informe técnico del Banco Central advierte que este escenario es de doble filo. La principal preocupación radica en el Estrecho de Ormuz, un punto geopolítico crucial por donde pasa el 20% del comercio mundial de hidrocarburos. Un bloqueo o una mayor escalada militar en esa zona profundizaría la crisis energética global, desatando una ola inflacionaria internacional que obligará a las potencias a mantener las tasas de interés elevadas por más tiempo. De hecho, los bonos del Tesoro de EE.UU. ya rinden un 4,4% anual, lo que encarece el crédito y restringe el financiamiento para los mercados emergentes.
Este endurecimiento financiero global ya se hace sentir en el plano local: el riesgo país argentino volvió a subir y se posiciona por encima de los 520 puntos básicos. El BCRA reconoció que, ante un deterioro más profundo del tablero internacional, los principales socios comerciales de Argentina —como Brasil, China y la eurozona— sufrirán una desaceleración económica, lo que terminará golpeando la demanda de las exportaciones locales y exponiendo las vulnerabilidades financieras del país.
LaPax cambiaria actual y el flujo de «petrodólares» y «agrodólares» funcionan hoy como un escudo temporal para el programa económico. Pero el Banco Central dejó en claro que la Argentina no es una isla: si la guerra se empantana o escala en Medio Oriente, el combo de inflación internacional, tasas altas y recesión global terminará perforando los fundamentos macroeconómicos locales. El desafío del Palacio de Hacienda será acumular la mayor cantidad de reservas posibles mientras dure el viento de cola de los precios, antes de que el endurecimiento del crédito internacional cierre definitivamente los mercados.
