Con una media de 12,9 asalariados por empleador, el sector privado nacional muestra una estructura de unidades productivas pequeñas en comparación con potencias globales. Pese al repunte en energía y agro, el empleo formal acumula una caída del 2,5% en los últimos dos años.
Un reciente análisis basado en registros de seguridad social y datos de la OCDE revela las dificultades estructurales que enfrenta el mercado de trabajo en Argentina. Entre fines de 2023 y el último trimestre de 2025, el país experimentó una contracción simultánea en la cantidad de firmas operativas y en el volumen de trabajadores registrados, situando la densidad laboral muy por debajo de los estándares observados en economías desarrolladas y referentes regionales.
El relevamiento de ARCA indica que actualmente conviven unas 361.500 empresas productoras de bienes y servicios, tras una depuración que excluye al sector público y actividades de subsistencia. En este marco, la nómina de empleados formales se redujo de 4,78 millones a 4,66 millones en el bienio reciente, lo que implica la desaparición de casi 115.000 puestos de trabajo. Este fenómeno se da en un contexto particular: mientras la fuerza laboral retrocede, el Producto Bruto Interno del sector privado logró expandirse un 5,9%, impulsado mayormente por inversiones en bienes de capital y tecnología en las áreas energética y agroindustrial.
La comparación internacional arroja resultados preocupantes sobre la escala de los emprendimientos locales. Mientras que en Argentina el promedio de dependientes por firma es de 12,9, en naciones como Estados Unidos la cifra escala hasta los 25 trabajadores, y en Israel se sitúa en torno a los 16. Esta disparidad evidencia una falta de consolidación de empresas medianas y grandes en el territorio nacional, donde predominan las estructuras de pequeña escala que presentan mayores dificultades para traccionar la creación masiva de empleo genuino y estable.
Aunque el dinamismo de sectores estratégicos como el gas y el petróleo sostiene parte de la actividad económica, el desafío pendiente radica en revertir la tendencia contractiva del empleo asalariado y acortar la distancia operativa con las economías líderes del ecosistema global.
