El complejo industrial dedicado al envasado de margarinas dejará de operar formalmente el próximo primero de octubre. La inviabilidad económica del establecimiento concluye con el esquema productivo reducido que mantenía la firma tras haber relanzado actividades mediante subsidios estatales bonaerenses.
La resolución corporativa responde a la finalización del programa asistencial que cubría parte de la masa salarial. Ante los elevados costos de estructura y un volumen comercial considerado marginal, la compañía decidió deshabilitar las instalaciones y desvincular al personal remanente.
Durante los últimos años la firma enfrentó serias dificultades asociadas al desfasaje de sus costos operativos y logísticos. La pérdida constante de competitividad sumada a un entorno recesivo aceleró el traslado de los procesos de manufactura hacia plantas externas y predios cordobeses.
A pesar de los intentos sindicales y gubernamentales por preservar el empleo regional mediante asistencia financiera, la rentabilidad no fue suficiente. Los altos costos laborales específicos junto con un equipamiento obsoleto impidieron sostener un modelo de negocios sustentable en la provincia.
Con esta decisión la empresa consolida su reestructuración enfocándose únicamente en su línea de aderezos en Córdoba. Las modificaciones del esquema productivo reflejan el impacto de la contracción del consumo sobre aquellas unidades fabriles de baja eficiencia operativa.
