La central obrera definió una movilización sin cese de tareas que coincidirá con el Día del Trabajador y un homenaje al Papa Francisco. En paralelo, el gremio de estatales ATE endureció su postura y ratificó un paro nacional para el 21 de este mes.
La tensión entre el sindicalismo y la administración de Javier Milei sumará un nuevo capítulo de alta visibilidad en las calles. Tras un encuentro en la mítica sede de la calle Azopardo, la cúpula de la Confederación General del Trabajo resolvió convocar a una concentración masiva para el último día de abril. A diferencia de otras medidas de fuerza, esta jornada no contempla una huelga general, sino que se plantea como una demostración de fuerza política y social en la que se denunciará el deterioro del poder adquisitivo y el incremento de la desocupación en todo el territorio nacional.
La convocatoria tendrá un fuerte componente simbólico, ya que integrará un acto religioso vinculado a la figura de Jorge Bergoglio y su doctrina social sobre el valor del empleo y la solidaridad. Según explicaron voceros de la central, el objetivo es visibilizar el «techo» que el Ejecutivo intenta imponer a las discusiones paritarias, lo que, a criterio de los gremios, mantiene los salarios por debajo de la curva inflacionaria. Se espera que a la columna de la CGT se plieguen organizaciones sociales como la UTEP y diversas agrupaciones territoriales que vienen reclamando mayor asistencia estatal frente a la crisis.
Sin embargo, el calendario de protestas tendrá un antecedente inmediato con el gremio de los estatales. ATE confirmó que el martes 21 de abril llevará adelante un cese total de actividades en todas las dependencias públicas del país. Rodolfo Aguiar, secretario general del sindicato, fue tajante al señalar que la política salarial del Gobierno nacional ha llevado a las familias de los trabajadores a una situación de endeudamiento crítico, advirtiendo que la conflictividad escalará si no se reabren las mesas de negociación de forma urgente.
El escenario plantea un desafío logístico y político para la Casa Rosada en una semana clave. Mientras la CGT apuesta a una marcha multitudinaria con perfil dialoguista pero firme en sus reclamos económicos, los sectores más combativos del sector público ya le pusieron fecha a la parálisis de la administración estatal. Este doble esquema de protesta marca el inicio de un segundo trimestre del año con una relación totalmente fracturada entre los principales sindicatos y la gestión libertaria.
