Un devastador alud de barro provocado por el desborde del río afectó gravemente la región fronteriza con China. Múltiples equipos de emergencia desplegaron intensos rastreos en las zonas sepultadas para rescatar a sobrevivientes atrapados entre los escombros.
El violento torrente arrasó con viviendas, estructuras edilicias y vehículos pesados en varias localidades del distrito afectado. Diversas autoridades del gobierno declararon la emergencia territorial por noventa días y solicitaron asistencia internacional inmediata a los países limítrofes.
Las fuerzas armadas movilizaron unidades aéreas y personal especializado para asistir a los damnificados en sectores aislados. Diferentes especialistas en clima señalaron que estos fenómenos meteorológicos extremos han incrementado su frecuencia e intensidad debido al calentamiento global.
El desastre atravesó los límites territoriales y generó severas consecuencias materiales y humanas en la región tibetana. Múltiples rescatistas de la zona continúan buscando a decenas de agentes policiales y pobladores que permanecen incomunicados tras las crecidas.
Las tareas de salvamento avanzan contra reloj mientras la región se mantiene bajo estricta alerta meteorológica preventiva. Las instancias de auxilio priorizan el envío de ayuda humanitaria a las comunidades montañosas que sufrieron los mayores daños.
