Con una probabilidad estimada superior al 90% para el trimestre comprendido entre septiembre y noviembre, el fenómeno de El Niño/Oscilación del Sur (ENOS) se perfila como el factor determinante para la dinámica climática del segundo semestre de 2026.
Según reportes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), el evento ha comenzado a manifestarse en el Pacífico ecuatorial con una intensidad que, por el momento, se proyecta entre moderada y fuerte.
La comunidad científica, liderada en el ámbito local por investigadores del Conicet, subraya la necesidad de mantener un monitoreo técnico riguroso, evitando especulaciones sobre posibles eventos catastróficos mientras los modelos meteorológicos sigan arrojando rangos de variabilidad amplios.
Comprendiendo el fenómeno ENOS
El Niño/Oscilación del Sur es un patrón natural derivado de la fluctuación de temperaturas en el océano Pacífico ecuatorial. Este fenómeno, que ocurre cíclicamente cada 2 a 7 años, altera la circulación atmosférica global al transferir energía del océano hacia la atmósfera. Como explica la Dra. Matilde Rusticucci, profesora emérita de la UBA, «este calentamiento otorga energía a la atmósfera en regiones donde normalmente la producción de tormentas está inhibida, alterando la circulación global».
Impacto en la región: El escenario argentino
Históricamente, El Niño ha tenido efectos heterogéneos en Argentina. La Dra. Rusticucci advierte que el impacto más significativo suele concentrarse en el noreste del país. «Es muy probable que la lluvia genere crecidas de los ríos Paraná y Uruguay, provocando inundaciones en la Mesopotamia, mientras que el invierno podría presentarse más cálido de lo habitual», detalla.
Por su parte, Leandro Díaz, investigador del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA-Conicet), contextualiza la cautela necesaria ante este escenario. «Si bien los eventos de 1982-1983 y 1997-1998 sirven como antecedente de inundaciones severas en el Litoral, aún estamos lejos de condiciones que superen los registros históricos. Los modelos actuales ofrecen un abanico de escenarios más moderados», señala el especialista.
El factor del cambio climático
La incertidumbre actual no solo radica en la magnitud de El Niño, sino en el contexto global en el que se desarrolla. La tendencia al aumento de las temperaturas oceánicas y atmosféricas actúa como un catalizador que dificulta la comparación con fenómenos de décadas anteriores.
«El cambio climático es una fuente de incertidumbre adicional», indica Díaz. «Partimos de una base térmica más elevada, lo que implica que cualquier calentamiento circunstancial generado por El Niño se produce sobre océanos que ya presentan registros más altos, modificando la dinámica de precipitaciones y temperaturas extremas».
Ante este escenario, la gestión de riesgos y la planificación preventiva se vuelven las herramientas fundamentales para mitigar los efectos de una temporada que, lejos de las certezas absolutas, exige una respuesta basada en evidencia científica y monitoreo constante.
