La vicepresidenta participó de un acto en Chivilcoy junto a excombatientes, donde pidió dejar de utilizar la gesta de 1982 con fines electorales y partidarios.
Acompañada por veteranos de guerra y autoridades locales, Victoria Villarruel encabezó un sentido homenaje a 167 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. En un contexto de evidente distanciamiento con el ala central del Gobierno, la mandataria optó por una ceremonia descentralizada para reivindicar la memoria de los soldados y señalar el uso oportunista que la dirigencia política suele hacer de la fecha.
El discurso de la vicepresidenta osciló entre el reconocimiento histórico y la crítica hacia el peronismo y los sectores libertarios. Manifestó que Malvinas no puede funcionar como un espacio para resolver conflictos internos ni como el puntapié de proyectos partidarios. Para la funcionaria, la recuperación de las islas es un pilar de la identidad argentina que ha sido sistemáticamente «ensuciado y subestimado» por diferentes administraciones a lo largo de las últimas décadas.
Villarruel vinculó la falta de reconocimiento a los excombatientes con un plan de «desarme» institucional que, según su visión, comenzó poco después del cese del fuego. Al presentarse como descendiente directa de un protagonista del conflicto, insistió en que la causa debe ser protegida de la manipulación retórica para devolverle el honor que la sociedad le debe a quienes defendieron el territorio nacional.
La jornada en Chivilcoy marcó una agenda paralela de la vicepresidenta, quien eligió un perfil bonaerense para conmemorar el 2 de abril, lejos de las estructuras tradicionales de la Capital Federal y Tierra del Fuego.
