La caída sostenida del tipo de cambio mayorista y el sobrecumplimiento de metas con el FMI otorgan un respiro táctico al Gobierno. Sin embargo, el reciente dato de inflación de marzo obliga a un recalibrado de las proyecciones para mayo, donde la ampliación de las bandas pondrá a prueba la solidez del actual esquema monetario.
En una tendencia que ya acumula siete bajas en las últimas ocho jornadas, el dólar mayorista profundizó su retroceso para ubicarse en los $1.362. Esta dinámica no responde a una fluctuación azarosa, sino a una estrategia de pinzas ejecutada por el Banco Central: una intervención decidida para capturar el excedente de divisas y una política de tasas que, en el corto plazo, parece haber moderado las expectativas de devaluación. Con una brecha superior al 23% respecto al techo de la banda cambiaria, el equipo económico gana un margen de maniobra que resulta vital para consolidar la acumulación de reservas exigida por los organismos internacionales.
El trasfondo de la acumulación de reservas
La compra de u$s185 millones en la última rueda no es un dato aislado. El Central ha logrado absorber u$s5.718 millones en el acumulado reciente, representando en las últimas sesiones más de un tercio del volumen operado. Esta participación estatal dominante sugiere que, si bien el mercado muestra una menor volatilidad, la estabilidad sigue dependiendo de la capacidad de intervención del regulador. El «aire» que gana el Gobierno se traduce en una mayor espalda para negociar con el FMI, utilizando la pax cambiaria como principal activo político.
El índice de precios al consumidor (IPC) de marzo, situado en el 3,4%, actúa como el verdadero «driver» de la política económica para el segundo trimestre. Históricamente, el desfasaje entre la tasa de inflación y el ritmo de devaluación (crawling peg) ha generado tensiones por el atraso cambiario. En esta oportunidad, el Gobierno ha optado por un esquema de bandas dinámicas. La confirmación de que el techo se elevará por encima de los $1.700 en mayo es una respuesta directa a la necesidad de no perder competitividad, intentando evitar, al mismo tiempo, un salto discreto que se traslade a precios.
El mercado de futuros y la recalibración de expectativas
El comportamiento de los contratos de dólar futuro, que proyectan un cierre de abril en torno a los $1.374,5, indica que los operadores financieros han validado la hoja de ruta oficial. La convergencia entre el precio spot y los futuros refleja una transición desde la incertidumbre de principios de año hacia un escenario de previsibilidad técnica. No obstante, este equilibrio es precario: depende de que el ingreso de divisas de la cosecha mantenga el ritmo actual y de que la demanda de dólares para importaciones no presione sobre las reservas netas.
El frente cambiario se mantiene como el ancla principal del programa económico. Si bien la foto actual muestra un Banco Central fortalecido y un mercado alineado, la película de mediano plazo se definirá en mayo. La ampliación de las bandas cambiarias será el termómetro que determine si el esquema actual puede resistir la presión inflacionaria remanente o si el Gobierno se verá obligado a acelerar el ritmo de depreciación para evitar un nuevo escenario de escasez de divisas.
