La demanda global de semiconductores para centros de datos disparó los costos de las memorias DRAM y NAND. En el plano local, las ensambladoras anticipan fuertes subas, neutralizando la quita de impuestos y golpeando a un mercado que ya proyecta una severa retracción en sus ventas.
La cadena de valor de la telefonía móvil se enfrenta a un shock externo que promete neutralizar rápidamente los recientes intentos del Gobierno por abaratar la tecnología. En los próximos días, los dispositivos móviles en la Argentina registrarán incrementos de hasta un 30%, producto de un cuello de botella global: la escasez crítica de memorias y chips traccionada por la explosión de la inteligencia artificial (IA).
Esta disrupción en la cadena de suministros, que según las proyecciones del mercado internacional podría sostenerse hasta el año 2029, impacta de lleno en el escenario local. La paradoja es evidente: el salto de precios llega poco tiempo después de que el Ejecutivo nacional dispusiera la eliminación de aranceles a los celulares importados, una medida que buscaba dinamizar un consumo doméstico fuertemente debilitado.
El «efecto aspiradora» de la Inteligencia Artificial
El epicentro de la crisis radica en la producción de memorias DRAM (fundamentales para la ejecución de procesos en tiempo real) y NAND (responsables del almacenamiento). Actualmente, el 70% de la producción mundial de chips está siendo absorbida por la construcción y el mantenimiento de inmensos centros de datos (datacenters) destinados a procesar modelos de IA.
Este desvío de la matriz productiva generó una distorsión de precios sin precedentes. Según los reportes de las principales firmas que operan en el país, el valor internacional de estas memorias experimentó un salto de entre el 150% y el 200% desde diciembre a la fecha.
La inversión de la estructura de costos y el golpe a la gama baja
El encarecimiento de los componentes semiconductores no afecta a todo el ecosistema móvil por igual. El impacto es asimétrico y castigará con mayor dureza a los equipos de entrada de gama o gama baja, que representan más del 50% del mercado argentino.
En la arquitectura de costos de un celular económico, la memoria ocupa una proporción decisiva. Fuentes de la industria grafican la magnitud del problema con un dato elocuente: en dispositivos cuyo precio final de venta ronda los US$ 100, la suma de los chips necesarios hoy oscila entre US$ 130 y US$ 170. Es decir, el componente pasó a costar más que el valor de mercado del propio teléfono. Por el contrario, los segmentos premium logran diluir este impacto en su estructura de costos gracias a la alta valorización de otros insumos, como sensores fotográficos de última generación y displays OLED.
Frente a esta coyuntura, las estrategias de mitigación de las marcas ya están en marcha: priorizar el ensamblaje de modelos con menor memoria RAM física, impulsar servicios de almacenamiento en la nube y concentrar los esfuerzos de marketing en las líneas de alta gama.
Un mercado local en fase de contracción
El traslado a precios de esta inflación en dólares sobre los componentes llega en el peor momento para la industria fueguina y los importadores. El primer trimestre de 2026 cerró en rojo, perforando el piso del millón de unidades vendidas y consolidando una caída interanual del 16%.
Las proyecciones anuales debieron ser recalculadas a la baja. Tras haber comercializado 6,2 millones de terminales en 2025, el sector estima que el corriente año cerrará en torno a las 5,3 millones de unidades. El diagnóstico local va en línea con el panorama internacional: consultoras como IDC y Counterpoint Research proyectan retrocesos globales cercanos al 12%, configurando el volumen de ventas más bajo de la última década.
Ante este escenario recesivo y de costos en alza, las ensambladoras radicadas en Tierra del Fuego ya han iniciado un proceso de ajuste en sus líneas de producción y una consecuente reducción de inventarios, preparándose para un ciclo comercial sumamente restrictivo.
